La serie de Katie Dippold y Hiro Murai encaja de manera extraña, pero eficaz, para pasar de ser una comedia de oficina que se va deformando hasta convertirse en un relato de horror folclórico, paranoia local y misterio sobrenatural. La sensación constante es la de estar viendo una serie que cambia de piel sin pedir permiso, como si el propio lugar donde ocurre todo se negara a permanecer estable. Widow’s Bay entiende el terror no como un género cerrado, sino como una condición del territorio. Cada episodio parece explorar una forma distinta de malestar: casas que no se comportan como deberí…
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