Mar.ia logra algo notable: recordarnos que no todas las películas deberían existir. Las actuaciones son tan malas que uno duda si los actores no estaban leyendo el guion por primera vez frente a cámara, los diálogos parecen escritos por alguien que jamás escuchó una conversación real. Es una experiencia completamente olvidable. La típica película que uno puede poner de fondo mientras toma unos whiskys con amigos… eso sí, con el sonido apagado.
Leer reseña completa →