(CASTELLANO) Hay películas que giran en torno a la perdición y otras que la observan con una mezcla de fascinación y tristeza. Maldita suerte pertenece a las dos. Edward Berger nos lleva a una Macao hipnótica, de luces de neón y ruletas girando sin descanso, donde Colin Farrell interpreta a un jugador que intenta escapar de sí mismo. Está magnífico: agotado, irónico y con esa melancolía que solo los que han perdido demasiado saben mostrar. La película tiene el ritmo de una resaca elegante. No busca la épica, sino el temblor interior del que lo ha apostado todo y aún así sigue tirando los da…
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