(CASTELLANO) Lo mejor que puede hacer un biopic musical es que salgas del cine queriendo poner un disco. Springsteen: Deliver Me From Nowhere lo consigue. No te vende los estadios llenos ni los himnos coreados por miles; te mete en una habitación pequeña, casi asfixiante, donde un tipo flaco y lleno de dudas decide grabar Nebraska como si estuviera confesándose en voz baja. La película es deliberadamente contenida. Scott Cooper huye del espectáculo y apuesta por un tono seco, introspectivo, casi frío por momentos. Eso puede desconcertar a quien espere una biografía al uso, pero es precisame…
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