(CASTELLANO) Empieza en un terreno bastante reconocible: una empresa en la que quien realmente trabaja no es necesariamente quien recibe el reconocimiento, mientras otros ocupan posiciones cómodas gracias al esfuerzo ajeno. Esa desigualdad inicial podría haber dado para una simple sátira laboral, pero Sam Raimi la utiliza como punto de partida para algo bastante más juguetón, desagradable y perverso. Lo interesante no está tanto en la crítica corporativa por sí sola como en observar qué ocurre cuando una relación basada en jerarquías, desprecio y conveniencia empieza a perder sus reglas hab…
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