(CASTELLANO) Desde el primer capítulo, Halo deja claro que su intención no es ser una adaptación fiel al universo que millones conocen por el videojuego. Aquí se nos presenta otro enfoque, más político, más filosófico, y, en cierto modo, más televisivo. Pero en ese giro, algo esencial se pierde: la esencia misma del juego. Esa intensidad, esa inmersión brutal en un conflicto galáctico, aquí queda desdibujada. Visualmente no hay mucho que reprocharle. El diseño de producción es potente y algunos momentos de acción consiguen brillar. Pero falta alma. Falta guerra. Falta esa sensación de urgen…
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