(CASTELLANO) Hay series que empiezan como una incomodidad leve y acaban convirtiéndose en algo que cuesta sacarse de encima. Mi reno de peluche es exactamente eso. Al principio engancha casi sin esfuerzo: capítulos cortos, ritmo ágil y una sensación constante de “esto se me está yendo de las manos, pero quiero ver hasta dónde llega”. Y lo hace sin trampa, porque lo que propone es tan extraño como honesto. Lo más interesante es cómo juega con el tono. Empieza rozando la comedia incómoda, incluso el absurdo, y poco a poco va dejando que se cuele algo mucho más oscuro. No hay giros diseñados p…
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