(CASTELLANO) Volver a Prison Break con todo visto (incluida la resurrección) me ha confirmado dos cosas: su arranque es dinamita televisiva y, cuanto más se aleja de la prisión, más se nota el desgaste. La primera temporada es un puzle vertiginoso: planos tatuados, micro-misiones imposibles, tensión capítulo a capítulo y un uso del suspense casi musical (ayuda la partitura de Ramin Djawadi). Es puro entretenimiento de alta puntuación. También funciona el reparto: Wentworth Miller construye un héroe cerebral sin perder humanidad, Dominic Purcell equilibra con rudeza cansada, y Robert Knepper…
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