(CASTELLANO) Hay películas que no necesitan moverse para incomodar, y Reality es un ejemplo clarísimo. Está planteada casi como una obra de teatro, encerrada en un espacio mínimo, sostenida por palabras, silencios y miradas. Y funciona. Funciona porque es dura, porque es incómoda y porque no intenta suavizar nada. La decisión de basarse en transcripciones reales del FBI le da al conjunto un peso especial. Todo suena seco, burocrático, casi banal… y ahí está precisamente el horror. No hay música subrayando emociones ni giros diseñados para enganchar al espectador. La tensión nace de lo coti…
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