(CASTELLANO) Lo que más me llegó fue la tristeza que hay debajo de toda esa energía. Tiene sol, música, cuerpos jóvenes, tablas bajando por calles imposibles, piscinas vacías convertidas en templos y libertad salvaje. Pero también tiene algo melancólico: la impresión de estar viendo a unos chicos tocar el cielo durante un rato y, al mismo tiempo, empezar a perder algo que no sabían que tenían. No es perfecta, pero sí una película con alma, ritmo y una historia real que deja un poso bonito y triste. Me gustó mucho cómo recupera ese mundo de California de los setenta, con la playa, la música, l…
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