(CASTELLANO) Entro ya con el mismo problema de siempre: a mí los musicales me cuestan. Mucho. Ese “de pronto cantamos” me saca de quicio, y en Wicked: Parte II lo noté desde el minuto uno. Además, se siente más que nunca que esto se partió en dos: no tanto por necesidad narrativa como por decisión industrial, y esa sensación de “vamos a estirar un poco más” me acompañó casi todo el metraje. Dicho eso: está impecablemente hecha. El nivel de producción es una burrada. Vestuario, decorados, diseño… Oz es un escaparate gigantesco y, por momentos, hipnótico. Hay escenas que parecen diseñadas par…
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