Algunas películas parten de una premisa tan sencilla que cualquiera podría confundirlas con un ejercicio de estilo. Una cena con amigos, una casa aislada, conversaciones inofensivas y, todo ello, aderezado con la sensación de que algo no termina de encajar. Y lo difícil no es reunir esos ingredientes, sino conseguir que el espectador permanezca incómodo durante dos horas sin recurrir continuamente a golpes de efecto. Con The Invite, Olivia Wilde demuestra que entiende perfectamente esa diferencia. En lugar de precipitarse hacia el thriller convencional, construye una historia que encuentra su …
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