(CASTELLANO) El último late night parte de una idea muy sencilla y muy buena: hacer que parezca que estamos viendo una emisión televisiva perdida de los años setenta y dejar que, poco a poco, ese formato tan familiar empiece a pudrirse desde dentro. Lo que comienza como entretenimiento, artificio y búsqueda de audiencia va adquiriendo un tono cada vez más inquietante hasta que el propio programa deja de parecer un refugio frente al horror y se convierte en su vehículo. Lo que más me funciona es la recreación del late show. Decorados, iluminación, cortinillas, público, entrevistas, pausas…
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