El concepto del fetichismo europeo se manifiesta en todo su esplendor cuando Hélène y Henri se convierten en testigos casuales de los actos depravados de sus vecinos de enfrente. Deciden tomar prestada una cámara para proceder a grabarlo todo, justo hasta que los objetivos se dan cuenta de su exposición e invitan a la pareja a participar en sus juegos, en una escena final tan excitante como previsible. Pero hasta llegar ahí, la dulce pareja, harta de su rutina sexual, ya ha estado haciendo cosas marranas con gente escogida aleatoriamente. El conocido morbo del voyeurismo es lo que el maestr…
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