(CASTELLANO) Ver As bestas es una experiencia intensa. Durante buena parte del metraje te descubres apretando los puños, con el nudo en la garganta, deseando que esos dos hermanos miserables desaparezcan de la pantalla. Son de esos personajes tan odiosos que te remueven por dentro, no solo por lo que hacen, sino por lo que representan: el odio ciego, la ignorancia violenta, la cerrazón más salvaje. Lo peor de todo es que sabes que esto no es solo cine. Que está basado en un caso real. Sorogoyen maneja la tensión como muy pocos. No hay música forzada, ni subrayados innecesarios. Solo el peso…
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