Ver para creer. Ya de principio te avisa sin ambages que lo que te espera, (no es coña, ocho minutos de primer plano de cada uno de los protagonistas con solo de piano y otro par de minutos de la cabeza desde atrás de Fernando Trueba y dicho pianista, dicen mucho de por donde van a ir los tiros), ni tiene chicha ni mucho menos injundia. Es insulsa, aburrida, lenta, zafia e insultante para una capacidad intelectual decente. No entiendo que le vé la crítica a este pastiche sin sentido alguno, puede que el apellido familiar del realizador tenga mucho que ver.
Leer reseña completa →