(CASTELLANO) Lo primero que me provocó Daniel Plainview fue rechazo. Es un hombre difícil de soportar, frío, desconfiado, agresivo y con una necesidad casi patológica de imponerse a los demás. Pero precisamente ahí está buena parte de la fuerza de Pozos de ambición: Paul Thomas Anderson no intenta que admiremos a su protagonista ni que encontremos una excusa tranquilizadora para su comportamiento. Nos obliga a convivir durante horas con alguien cuya ambición parece crecer al mismo ritmo que su incapacidad para relacionarse con otros seres humanos. Daniel Day-Lewis hace un trabajo monumen…
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