(CASTELLANO) Hay comedias románticas que uno recuerda porque rompieron moldes y otras porque representan perfectamente una época. Esta pertenece claramente a las segundas. Mediados de los 2000, Matthew McConaughey todavía instalado en su etapa de galán de comedia, Sarah Jessica Parker saliendo del fenómeno Sex and the City, una premisa imposible pero simpática y ese tipo de película que sabías prácticamente cómo iba a terminar desde el cartel. Y, aun así, entrabas. Vista hoy, no hay demasiadas sorpresas: es previsible, blandita, muy de su tiempo y está construida con todos los mecanismos ha…
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