(CASTELLANO) Hay películas que no necesitan grandes giros ni discursos subrayados para ser necesarias. Esta es una de ellas. Funciona desde un lugar sencillo, casi cotidiano, pero justo por eso resulta tan incómoda. Porque lo que cuenta pasa todos los días, en muchos colegios, y casi siempre lejos del foco. No busca el golpe bajo ni la lágrima fácil: se limita a observar, a escuchar, y a dejar que las cosas pesen por sí solas. David Verdaguer hace un trabajo muy sólido, contenido, creíble. No interpreta al típico profesor heroico ni al salvador de manual, sino a alguien desbordado, con duda…
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