(CASTELLANO) Lo mejor que tiene la película es que sabe exactamente qué producto quiere ser: un entretenimiento de atracos, con equipo variado, plan imposible, cámara acorazada, reloj en contra y una ciudad entera mirando hacia otro lado por culpa de la final del Mundial. Esa mezcla entre el Banco de España, el fútbol, el ruido de la calle y el robo milimetrado tenía mucho potencial. Y, durante bastantes momentos, funciona como lo que promete: una película ágil, vistosa, profesional y fácil de ver. No me parece un desastre ni mucho menos. Jaume Balagueró demuestra oficio y sabe d…
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