(CASTELLANO) Lo que más me gustó fue precisamente aquello que la película acaba utilizando cada vez menos: la incertidumbre. Mientras la amenaza permanece escondida en la oscuridad, The Boogeyman: El hombre del saco consigue inquietar de verdad. Un ruido, un rincón mal iluminado, una puerta abierta o la sensación de que algo puede estar observando desde fuera de campo funcionan mucho mejor que cualquier criatura perfectamente definida. Rob Savage entiende bastante bien cómo utilizar la oscuridad. Hay momentos en los que basta con no saber qué estamos mirando para que aparezca el miedo. L…
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