(CASTELLANO) La premisa de Fe de etarras es potente y, sobre el papel, incluso valiente: un comando de ETA escondido en un piso mientras España celebra el Mundial de 2010. El contraste está ahí, la ironía es evidente y el punto de partida tiene algo provocador que invita a pensar en una comedia incómoda, afilada y quizá necesaria. El problema es que, una vez arranca, la película rara vez consigue convertir esa buena idea en algo realmente gracioso. El humor de Borja Cobeaga nunca ha terminado de conectar conmigo, y aquí vuelve a pasar lo mismo. Hay una insistencia constante en un tipo de ga…
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