(CASTELLANO) Hay películas que consiguen perturbar sin necesidad de grandes efectos, y ¿Quién puede matar a un niño? es una de ellas. Desde ese prólogo tan duro, con imágenes reales de guerras y niños víctimas de la barbarie adulta, Chicho Ibáñez Serrador deja claro que no busca asustar por el susto, sino incomodar. Lo que plantea es mucho más profundo: nos obliga a mirar de frente la violencia que sembramos como sociedad y que, de algún modo, puede volver contra nosotros. La elección del escenario no puede ser más brillante. Una isla mediterránea bañada por el sol, con casas blancas y mar …
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