Al viejo Emile Dussac le encanta oler las bragas de cuantas mujeres se cruzan en su camino, y mirar cómo se desnudan a través de espejos trucados (incluyendo a su propia hija Charlotte, una voluptuosa Claire Lenoir). Se sirve de su influencia y su poder hacia los demás, como antiguo diputado que inspira miedo y respeto, para tender una trampa al marido de una joven y bella mujer llamada Isabelle St Preux (una Cathy Ménard cautivadora) por la que se siente muy atraído. Por supuesto, será Charlotte, la hija del viejo pervertido, la que pagará las consecuencias de sus acciones. Varios elemento…
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