(CASTELLANO) Con Frozen 2 tuve una sensación rara desde muy pronto. No porque esté mal hecha —todo lo contrario—, sino porque parece una película que no termina de saber a quién quiere hablarle. Ya no es aquella historia directa, emocional y casi inmediata de la primera, sino algo más enrevesado, más serio, más solemne… y también más distante. Cuando terminó, mi reacción fue un sincero “menos mal”, y eso en una película de Disney no suele ser buena señal. Visualmente es incontestable. La animación es espectacular, probablemente de lo mejor que ha hecho el estudio en años. El nivel de detall…
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