(CASTELLANO) Hay comedias que no necesitan grandes alardes para funcionar, y Un funeral de muerte es una de ellas. Con una premisa sencilla —un funeral familiar donde todo se desmadra—, Frank Oz consigue una película desenfadada, llena de enredos, equívocos y humor negrísimo, de ese que a veces se echa en falta. El guion avanza sin dar respiro, con escenas cada vez más locas pero bien medidas, y aunque roza el absurdo en varias ocasiones, sabe reírse de sí misma con elegancia. El reparto está espléndido. Se nota que todos están pasándolo bien y eso se contagia. Cada personaje aporta lo suyo…
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