Amenábar construye un terror pausado, proclive a la intuición equivocada. Todo se hila, todo se explica, desde el guión y no el susto, pero manteniendo esa tensión que toda película de miedo debe tener. El final es brillante, tan evidente y a la vez complejo, casi inimaginable. Nicole Kidman realiza una de las mejores actuaciones que recuerdo en el género: la sobreprotección de una madre, la soledad y el dolor de una mujer en guerra, y el miedo y la angustia del que cree en la locura.
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