(CASTELLANO) Hay películas que vuelves a ver y te recolocan la sonrisa. The Karate Kid es una de esas: sencilla, directa y con una nobleza que hoy escasea. No necesita pirotecnia para atraparte; le basta con un adolescente fuera de sitio, un mentor improbable y una meta clara: aprender a levantarse mejor de lo que se cae. Ralph Macchio construye un Daniel LaRusso muy terrenal: inseguro, cabezota, con humor torpe y ganas de encajar. Su evolución funciona porque nunca parece un “elegido”, sino un chaval que encuentra disciplina y propósito. Y entonces aparece Pat Morita y lo convierte todo en…
Leer reseña completa →