Fueron cuatro jornadas en las que aprendimos constantemente a anteponernos a los problemas, y como director del cortometraje me encontraba en la situación de mantener la calma y resolver de las formas más óptimas para conservar la narrativa y coherencia al momento de filmar. Tuvimos nuestros percances pero al final de todo hemos hecho un trabajo del que estamos felices, y más en el después que, somos capaces de reconocer nuestros fallos y nuestros aciertos, eso es lo que nos motiva a seguir haciendo cine.
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