(CASTELLANO) Hay cortos que necesitan un giro final. Este no. Aquí todo se sostiene en algo mucho más frágil: una voz. Y la espera de lo que va a provocar en quien escucha. La propuesta es sencilla —casi mínima—, pero ahí está su fuerza. Un duelo de canto que, poco a poco, deja de ser duelo. No importa quién “gana”, sino quién consigue atravesar la coraza del otro. La cámara se queda donde debe quedarse, sin subrayados innecesarios, dejando que la música haga el trabajo emocional. Funciona porque es honesto. Porque no parece querer impresionar, sino emocionar. Y cuando la interpretación …
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