Son clichés, pero por su modo simpático como TV mini serie vale la pena constatar cómo se odian por algo tan insignificante como una letrina. Por un lado el terco y peculiar pueblerino encarnado en Harry Flodman (execrado por casi todo el pueblo a través de chismes y vox populi,y ni unasola persona lo conozca realmente) versus el citadino recién se ha mudado a la apacible villa en Värmland, celebridad política de antaño acostubrado a tener atención en él y lisonjeado en el pueblo por ser ex Primer Ministro Stefan Carlsson, en realidad controlado muy astútamente por su esposa. Hanna, una influe…
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