(CASTELLANO) Hay comedias que se apoyan en la ligereza para funcionar y otras que simplemente se abandonan a ella. Aquí ocurre lo segundo. La idea de partida podría haber dado juego, incluso algo de mala leche, pero en cuanto la película arranca queda claro que no hay intención real de apretar el tornillo. Todo se queda en una sucesión de situaciones flojas, sin ritmo ni sorpresa, que avanzan más por inercia que por convicción. El mayor problema es el guion. No porque sea infantil —eso no sería un defecto en sí— sino porque es perezoso. Los gags se repiten, los diálogos no tienen filo y la …
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