(CASTELLANO) Hay secuelas que regresan porque todavía existe algo nuevo que contar y otras que regresan porque el original conserva suficiente cariño como para justificar una nueva vuelta. El diablo viste de Prada 2 se acerca demasiado a lo segundo. Se deja ver, conserva glamour, reúne de nuevo a unos personajes que siguen teniendo presencia y sabe exactamente qué elementos debe recuperar para activar la memoria del espectador. El problema es que esa familiaridad acaba funcionando también como límite: demasiado a menudo parece la misma película reorganizada con veinte años más encima. La…
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