(CASTELLANO) Hay películas que parecen pensadas más para vender postales que para contar una historia de verdad, y Wolfgang es un ejemplo claro. Todo está rodado con una limpieza artificial: Barcelona, París, las casas perfectas, los interiores impolutos… y, sin embargo, no hay emoción real detrás. Lo que vemos es un escaparate disfrazado de drama. La película insiste en buscar la lágrima fácil desde el primer momento. Todo está calculado para que el espectador empatice, pero nunca llega a sentirse auténtico. Los personajes son estereotipos que hemos visto mil veces: el padre torpe, el niño…
Leer reseña completa →