(CASTELLANO) Gemma Blasco no mira hacia otro lado y te mete de cabeza en el derrumbe emocional tras una violación. La furia es áspera, física, por momentos desagradable; precisamente ahí está su honestidad. Elige no mostrar la agresión —fundido a negro y sonido— y pone el foco en las ondas sísmicas que deja: la culpa, el silencio, la incomprensión del entorno, esa mezcla de protección y control que encarna el hermano. Ángela Cervantes está descomunal: sostiene el plano, el pulso y la película entera con una entrega que estremece. Es cuerpo, mirada y respiración; convierte a Alex en una presenc…
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