(CASTELLANO) Hay películas que no necesitan grandes villanos porque les basta con dejarte un rato dentro de una casa con gente insoportable. Gente educadísima, eso sí. Gente que sonríe, que habla bajito, que viste bien, que tiene piscina, arte, cenas bonitas y una facilidad tremenda para hacerte sentir invisible. Ahí es donde esta película funciona mejor. No en el gran golpe de efecto, ni en el suspense, ni siquiera en la sátira más afilada, sino en esa incomodidad de ver cómo una familia rica puede ser profundamente miserable sin necesidad de gritar casi nunca. Son unos cabrones, básicamen…
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