(CASTELLANO) La pones y enseguida sabes de qué va. No por el argumento, sino por la sensación: gente joven, desubicada, tirando como puede, con humo, ruido y ganas de algo que ni ellos saben nombrar. Mensaka no presume, no explica, solo deja que mires. Y eso la hace especial. Todo parece improvisado, aunque no lo sea. Los personajes no hablan “de guion”, hablan como la gente que conocías entonces. Trabajos de mierda, parejas que duran lo justo, noches de cerveza barata y resacas morales. Lo ves y te reconoces, aunque hayan pasado décadas. Tristán Ulloa está perfecto, igual que Laia Marul…
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