(CASTELLANO) Cada vez que vuelvo a Ken Loach confirmo que nadie filma la injusticia con tanta serenidad y tanta rabia a la vez. En El viento que agita la cebada he sentido esa mezcla tan suya: la emoción y la indignación brotan sin subrayados, como si la cámara solo estuviera registrando algo que ha pasado de verdad. El retrato de la Irlanda que lucha por independizarse de los ingleses no busca épica ni gestos heroicos: es duro, sin adornos, lleno de miedo, pobreza y rencor acumulado. Loach se acerca a los personajes desde lo cotidiano, como si hubiéramos aterrizado en un pueblo cualquiera …
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