(CASTELLANO) Hacer una nueva versión de *Posesión infernal* era meterse en un terreno bastante peligroso. La película de Sam Raimi de 1981 no es solo un clásico del terror: tiene una personalidad tan marcada, una forma de rodar tan reconocible y una mezcla tan peculiar de horror, exceso y locura que intentar reproducirla literalmente habría sido absurdo. Fede Álvarez parece entenderlo perfectamente. Y probablemente ahí esté la clave de que esta versión funcione tan bien. La original sigue pareciéndome mejor. Tiene algo irrepetible, incluso en sus imperfecciones, que pertenece a aqu…
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