Alonso (barrendero) y Marisa (tarotista), Torres y Fátima (propietarios de una charcutería) y Calatrava (cirujano estético) y Vicky (influencer) han reservado una casa aislada en Canarias para pasar las mejores vacaciones de su vida con sus respectivas familias. Lo que no saben es que, por un error de la agencia, han alquilado la misma casa. Ninguno está dispuesto a renunciar a ella, y tampoco hay muchas alternativas, por lo que se ven obligados a compartir habitáculo todo el verano. Las diferencias entre cada uno de sus miembros convierten esos días en un caótico cúmulo de divertidas y desmadradas situaciones. A pesar de ello, tienen que aprender a convivir y comprender a toda esa gente tan distinta... Y a ellos mismos.
(CASTELLANO) Hay comedias que no buscan reinventar nada, y otras que ni siquiera intentan hacer reír. Odio el verano cae en ese segundo grupo. Lo tiene todo para ser el típico producto amable: caras conocidas, tono ligero, ambiente veraniego… pero no consigue levantar el vuelo. Ni entretiene, ni emociona, ni arranca una sola carcajada sincera.
El guion se apoya en clichés agotados y situaciones tan absurdas como poco graciosas. Parece más interesado en juntar a cómicos populares que en darles algo digno para hacer. La historia va dando tumbos entre subtramas tan forzadas como olvidables, y …