(CASTELLANO) Hay películas de terror que, aunque no inventen nada nuevo, al menos cumplen con la tarea básica de incomodar. La piscina intenta jugar en esa liga, pero se queda a medio camino. La premisa es prometedora: una piscina suburbana con secretos oscuros. El problema es que, más allá de la idea inicial, el guion no sabe cómo sostener la tensión y acaba cayendo en giros previsibles y escenas que nunca llegan a asustar de verdad. Visualmente tiene algún acierto: las secuencias bajo el agua transmiten cierta inquietud y logran envolver al espectador en esa sensación de peligro invisible…
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