(CASTELLANO) Lo que más me gustó fue la incomodidad que provoca con casi nada. No necesita persecuciones, golpes de efecto ni grandes revelaciones para ponerte nervioso. Le basta una sala fría, unos fluorescentes, dos personas cansadas después de un vuelo y unos funcionarios que empiezan preguntando cosas aparentemente normales hasta convertir cada respuesta en una trampa. Es una película pequeña, seca y muy bien medida, pero durante buena parte del metraje se siente como una pesadilla administrativa de la que nadie sabe cómo salir. La situación es sencilla y por eso funciona tan…
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