¿De verdad es posible que alguien se haya tomado en serio esta especie de parodia pretenciosa en torno al mundo de la piratería? ¿Corsarios de dentadura blanqueada rodeados de modelos de lencería con romances lésbicos mostrando voluptuosidad, mientras una trama enmarañada, imposible de comprender, satura la pantalla de chistes estúpidos y confabulaciones ridículas por el poder? Un poder ejercido democráticamente, claro. Porque los piratas eran muy demócratas, ya se sabe. Black Sails es, esencialmente, una serie creada por hombres y destinada a hombres (en el peor de los sentidos, por supuesto…
Leer reseña completa →