**Sopor** No sé porqué esta directora creyó que una historia basada en el origen del consolador debía presentarse como una comedieta estúpida, blanca y completamente aséptica. Quizás, los artífices de este bodrio estaban convencidos de que explicar la razón de los actuales juguetes sexuales solo se podía hacer desde una óptica pueril, cursi y conservadora, pretendiendo robarnos una sonrisa tras otra para contrarrestar la _"asquerosa obscenidad"_ que supone un asunto de esta índole. Y el resultado no es más que un pegote que no hay por dónde pillarlo. Lejos de despejar cualquier duda, …
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