(CASTELLANO) No es fácil mirar al Everest y no pensar en la épica. Pero esta película no busca homenajes ni glorias: se mete en la tormenta para mostrar el lado más cruel de una obsesión. Desde el primer momento, el director deja claro que aquí no hay héroes, solo personas empeñadas en desafiar lo indomable, pagando un precio brutal. La sensación que deja es más parecida a la de un duelo que a la de una aventura. Y funciona. Vaya si funciona. El ritmo puede parecer frío, como la propia montaña. Pero esa es justo su virtud. Kormákur no intenta edulcorar el sufrimiento ni maquillar la desespe…
Leer reseña completa →